La Religión Egipcia

 

La historia de Egipto es una versión religiosa, politeísta.
El egipcio divinizó las fuerzas de la naturaleza, por esta razón todos sus dioses reunían características humanas y animales. El ciclo anual de inundaciones y fertilización de la tierra que produce el Nilo fue un La Religión elemento central en sus creencias. En los últimos periodos, hasta la economía estuvo organizada alrededor de los templos.
En Egipto, la religión se divide claramente en la oficial del estado, de la que conocemos muchos detalles (la esfera funeraria, que también esta bien representada) y las practicas cotidianas, de la mayoría de la población que se alejaban notablemente del culto oficial.
La religión oficial tenia como figura central al Sol o astro rey, denominado Ra, Horus o Amón. El faraón (en teoría) se preocupaba de los dioses y cuidaba sus imágenes culticas; porque los que realmente se preocupaban de ellos eran los sacerdotes. Los dioses, por su parte, establecían su residencia en las imágenes y mostraban su favor al faraón y, por ende, a la humanidad.

 

Ni el hombre ni el faraón pueden "amar"a un dios, sino únicamente "respetarlo", "adorarlo"o "darle gracias". El "temor"significa la capacidad de levantarlo y "amor"la facultad de inspirarlo.
El fin del culto es mantener e intensificar la orden establecida del mundo. El culto lo practicaba toda una jerarquía de sacerdotes. Solo los sacerdotes podían entrar en el santuario, el pueblo no incumbía. El dios abandonaba el templo solo en algunas festividades, la imagen cultica se mantenía oculta en una capilla que era transportada sobre una barca simbólica, de manera que se conocía la presencia del dios, pero no se le veía. El culto oficial era algo irrelevante para las personas particulares.

Para satisfacer sus necesidades religiosas acudían a otros sitios como los templos principales y muchos santuarios locales en honor de las divinidades menores.
El pueblo acudía a esos santuarios, y en ellos oraban, presentaban sus ofrendas o depositaban sus consultas oraculares. Existían también centros de peregrinación, como abydos, y saqqara, la gente visitaba los santuarios cada día, o posiblemente rezaba en su casa.

 

Las actividades religiosas de ese tipo iban acompañadas de otras, muchas de las cuales fueron cayendo poco a poco. Entre los diversos tipos de objetos religiosos cabe citar, casi al azar, los amuletos con decretos divinos, bustos de los antepasados que se colocaban en las casas, y muchos otros objetos y formas de indumentarias que acompañaban el alumbramiento. Se desconocen ritos para los recién nacidos, solo algunos que se refieren a la circuncisión de los muchachos que según parece se hacia justo antes de la pubertad, para el matrimonio, o para facilitar el alumbramiento y a una purificación de la madre después de este.
En la vida religiosa también hubo animales a los que consideraban consagrados a dioses particulares, o que posiblemente eran adorados por si mismos como dioses, siendo enterrados con un ceremonial preciso. Los elegantes gatos que habitaron en Egipto eran muy parecidos a los de hoy (ya eran domésticos) el gato era un animal sagrado cualquiera que matase a un gato podía ser condenado a muerte.
Las especies asociadas a la divinidad eran momificadas y enterradas un solo ejemplar o bien todos sus miembros. El mas famoso de los animales era el toro Apis, consagrado a Ptah. Estos animales podían ser perros o chacales, gatos, mandriles, icneumones y carneros, distintos tipos de peces, serpientes y/o cocodrilos.

 

EL SACERDOCIO
El sacerdocio no era una dedicación exclusiva. En la xvlll dinastía resurge como una clase, podían dedicarse al sacerdocio un oficiante, un especialista en ritos o sacerdote lector. Hubo una tendencia constante a que el hijo siguiera a su padre en el oficio sacerdotal, pero esto se vio frenado porque el faraón podía elegir al mejor para cada cargo y la sociedad egipcia fue evolucionando hacia una situación rígida. Llego a crear una especie de castas, llevaban una dieta especial, tenían su manera de vestir y de llevar la barba y la continencia sexual cuando se hallaban de servicio, aunque tal vez no en otras circunstancias. Recibían sus ingresos de los templos, de las ofrendas que eran depositadas ante el dios (estas debieron de constituir una pequeña proporción de los ingresos de los templos) Los templos llevaban adjunto talleres y escuelas.
Los sacerdotes profesionales y los burócratas, incluidos los militares, fueron las 2 categorías básicas de las personas letradas. La burocracia parece haber perdido su independencia y relieve en política. Así los sacerdotes se convirtieron en los depositarios de la cultura intelectual. La cultura de los templos del periodo grecorromano fue una cultura sacerdotal uno de cuyos rasgos mas destacados lo constituye la subestima del papel del faraón: en los periodos anteriores, los sacerdotes se presentaban ante la divinidad como delegados del faraón; ahora el soberano era el que se presentaba en virtud de su dignidad sacerdotal.

 

LOS MITOS

Mito de la Creación
La visión cosmogónica de los antiguos egipcios está profundamente incardinada en la observación de la trayectoria del sol y la regularidad de las estaciones y las crecidas del río Nilo. El mundo para los egipcios se componía de tres regiones:
- El inframundo, o Reino de los Muertos, donde reinaba Osiris y adonde llegaban los muertos, tras un camino plagado de terribles peligros, para ser juzgados en el Tribunal de Osiris y, tras la anhelada justificación, alcanzar la vida eterna.
- La Tierra, el habitáculo de los hombres y de los demás seres de la creación, cuyo centro era Egipto, el don del Nilo, más allá del cual se extendía el caos.
- El Cielo, morada de los dioses, en especial del dios-Sol. La diosa del cielo, Nut, era una mujer arqueada sobre la tierra, cuyo cuerpo era la bóveda celeste, que en el ocaso tragaba a Ra y en el amanecer lo alumbraba.
El origen de este mundo se explica en diversos mitos sobre la creación, como el mito de Heliópolis:
Al principio sólo existía el océano primordial, un mundo desordenado y caótico, el Nun, donde vagaba el dios de la creación, Atum ("El que se creó a sí mismo"). De las aguas surge una colina primigenia. Atum escupe la primera pareja de dioses, Shu, el dios del aire y de la luz y Tefnut, la diosa de la humedad, de los que nacen Geb, el dios de la tierra y Nut, diosa del cielo, de los que nacerán Osiris, Isis, Seth, Neftis y Horus el Viejo, como se relata en la leyenda de la Maldición y el Nacimiento. La humanidad surgirá del llanto de Atum.

 

Leyenda de La Maldición y Nacimiento
Nut, la diosa del cielo, y Geb, dios de la tierra se amaban. Ra, movido por los celos, maldijo estos amores a los que declaró estériles, ya que ningún hijo nacería en ningún mes, ni año, y para más precaución, interpuso a Shu, el aire, entre los amantes, de forma que Geb permaneció tumbado en el suelo y Nut arqueada sobre la tierra. Plutarco relata en su Tratado sobre Isis y Osiris que Nut pidió ayuda al dios Thot, quien consiguió, mediante una apuesta con la Luna, la decimoséptima parte de su luz (explicación de los ciclos lunares), con la que creó cinco días epagómenos, en los que Nut dio a luz a sus 5 hijos en el siguiente orden: Osiris, Horus (concebido por Isis y Osiris en el seno materno), Seth y Neftis.

 

El Mito de Osiris
El mito de Osiris configura las creencia en la vida más allá de la muerte y el culto de los muertos. Según la leyenda (conocida por el Tratado de Isis y Osiris de Plutarco, textos de Diodoro de Sicilia y los Textos de las Pirámides) Osiris fue un rey bondadoso y benefactor que apartó a su pueblo del canibalismo, le enseñó la agricultura y las técnicas de riego, a partir de las inundaciones anuales del Nilo, y le dio leyes con las que regirse en paz, pero su hermano Seth (la aridez, el lado oscuro, el desierto), que odiaba a Osiris urdió un complot junto con otros 72 conspiradores y la reina de Kush, Aso. Mediante engaños consiguió que Osiris se introdujera en un cofre que una vez sellado arrojó al río Nilo.
Cuando Isis, esposa y hermana de Osiris, conoció la acción de Seth, buscó el cadáver de su esposo para darle sepultura y partió en su busca. En Biblos encontró el cofre perdido que guardaba el cuerpo de Osiris. Set descubrió el cofre y descuartizó el cadáver de Osiris en 14 pedazos que nuevamente arrojó al río. Isis comenzó de nuevo a buscar los pedazos, acompañada por su hermana Neftis. Poco a poco Isis fué recuperando cada uno de los trozos del cuerpo. Sólo un pedazo quedó por recuperar, el falo, comido por los peces lepidoto, pagro y oxirrinco, a partir de entonces especies malditas, que ningún egipcio tocaría o comería. Isis reconstruyó el cuerpo y con la ayuda de Anubis lo embalsamó. Con el poder de la Magia, se convirtió en milano y sobrevoló alrededor del cuerpo de Osiris, al que dotó de la suficiente vitalidad para poder concebir al hijo de ambos, Horus (el joven), al que dará a luz en la isla de Shemis, en el delta. Más tarde Horus, hijo póstumo de Osiris, se enfrentó a Set, para vengar a su padre. Tras el combate, del que sale vencedor, aunque pierde un ojo, recupera para sí el trono de Egipto, mientras Osiris permanecerá como rey de los muertos.
El mito, que tiene ciertas connotaciones solares, se interpretó en algunos sitios como mito fluvial: Osiris es el agua o el Nilo, padre de Egipto; Isis, la tierra vegetal, y Seth, el desierto, la terrible sequía, enemiga de Isis y Osiris.
Íntimamente relacionadas con las creencias religiosas de los egipcios y el mito de Osiris están sus ideas sobre la vida futura y el culto a los muertos. Los egipcios creían que cuando el hombre muere hay algo en él que continúa viviendo; a este algo llamaban ka, el doble, especie de sombra que sobrevive después de la muerte. Pero la supervivencia del doble o alma requería necesariamente la conservación del cuerpo o, por lo menos de alguna imagen de él, donde el alma pudiese residir; si el cuerpo se descomponía le faltaba al alma el apoyo donde seguir viviendo y moría también. La conservación del cuerpo se lograba mediante la momificación y el enterramiento de la momia en lugares secretos, de difícil acceso, en ataúdes que conservan también la forma humana. En un principio, la vida en el más allá era únicamente privilegio del faraón y los nobles, pero, poco a poco, las creencias religiosas se democratizaron y todo egipcio podía tener acceso a la eternidad.
El arte del embalsamamiento alcanzó en Egipto una gran perfección que dio paso a una floreciente industria, como ha referido el historiador Herodoto cuando describe tres tipos de embalsamamiento:
Allí tienen oficiales especialmente destinados a ejercer el arte de embalsamar, los cuales apenas es llevado a su casa algún cadáver, presentan enseguida unas figuras de madera, modelos de su arte, las cuales con sus colores remedan al vivo un cadáver embalsamado...
Entonces quedando a solas los artesanos en su casa, ejecutan de esta forma el embalsamamiento de primera clase. Empieza por sacar el cerebro, haciéndole pasar por las narices con un hierro encorvado y disolviéndolo con un líquido que hace penetrar por la cabeza. Luego abre el costado con piedra de Etiopía aguda y cortante, saca por la abertura los intestinos, los lava con vino de palma, los espolvorea con aromas machacadas. Enseguida llena el vientre de finísima mirra, casia y de variedad de aromas, excepto el incienso, y por último cosen la abertura. Así preparado el cadáver es metido en natrón por espacio de 70 días. Pasados éstos es lavado y fajado con vendas cortadas de una pieza de finísimo lino, untadas de goma.

Es posible que los embalsamadores, como se relata en Sinuhé, el egipcio, pertenecieran a la clase social más ínfima. En este sentido Herodoto continua:
En cuanto a las mujeres bien parecidas, se toma la precaución de no entregarlas luego de muertas para embalsamar, sino que se difiere hasta el tercero o cuarto día después de su fallecimiento. El motivo no es otro que el de impedir que los embalsamadores abusen criminalmente de la belleza de las difuntas, como se experimentó, a lo que dicen, en uno de esos inhumanos, que abusó de una de las recién muertas, según se supo por la delación de un compañero de oficio.
Como los egipcios creían que el doble tenía las mismas necesidades y sentimientos que en la vida terrenal, se preocuparon, con arreglo a sus posibilidades económicas, de su vivienda, vestido y alimento. Las personas humildes enterraban las momias en la arena del desierto; en cambio, los ricos edificaban suntuosas tumbas. Las tumbas eran, al contrario que las efímeras viviendas terrenales, construidas con un material perecedero, como el adobe, edificios para la eternidad, construidos con materiales no perecederos, como la piedra; generalmente estaban formadas por una capilla exterior, donde podían entrar los vivos a depositar las ofrendas; después seguía un estrecho corredor con estatuas del muerto, que habían de sustituir a la momia para sostener el doble si aquella se destruía, y al final se abría un pozo, de cuyo fondo partía un pasillo que llevaba a la verdadera morada del muerto; en ésta se colocaba el cadáver sobre un gran sarcófago y a su alrededor se depositaban los alimentos que necesitaría el doble. Una vez cegado el pozo, ya nadie podía bajar a la cripta, pero continuaba la ofrenda de alimentos en la capilla funeraria que se decoraba con relieves y pinturas que representaban todo lo que el doble pudiera necesitar; no sólo se dibujaban los alimentos y otros objetos necesarios, sino su obtención, y así se ven en las pinturas labradores, zapateros, carpinteros, albañiles, etc.
Al lado de las momias los egipcios colocaban un ejemplar del Libro de los Muertos, como guía imprescindible para el alma durante su viaje por el inframundo, ya que indicaba todo lo que debía hacer y decir: Cuando el alma dejaba el cuerpo, se internaba en galerías oscuras y era transportada en barcas por ríos subterráneos; encontraba al paso demonios que procuraban despedazarla, pero los dioses, Anubis, de cabeza de chacal y Thot, de cabeza de ibis, la defendían y guiaban hasta el Tribunal de Osiris, que había de juzgar, rodeado de 42 dioses asesores, si el muerto había cometido alguno de los 42 principales pecados. Anubis pesaba el corazón del difunto. Si estaba libre de culpas, su peso era más ligero que la pluma de Maat , símbolo de la justicia y la verdad, en cuyo caso se convertía en Osiris y alcanzaba la eternidad; en caso contrario, el monstruo Ammit devoraba su corazón..
Según el Libro de los Muertos la fórmula que debe emplear el alma para defender su causa ante el Tribunal de Osiris es la declaración de inocencia o confesión negativa:
¡Gloria a ti, Señor de Verdad y de Justicia! ¡Gloria a ti, Dios Grande Señor de Verdad y de Justicia! He venido ante ti, oh, mi amo!, me presento ante ti para contemplar tus perfecciones. Porque te conozco, conozco tu nombre y los nombres de las 42 divinidades que están contigo en la sala de la Verdad y de la Justicia, viviendo de los despojos de los pecadores y hartándose de su sangre, el día que se pesan las palabras ante Osiris el de la vos justa: Espíritu doble, Señor de la Verdad y de la Justicia es tu nombre. Yo, en verdad, os conozco, Señores de la Verdad y de la Justicia; os he traído la verdad, he destruido por vosotros la mentira. No cometí ningún fraude contra los hombres, no atormenté a la viuda, no mentí ante el tribunal, no conozco la mala fe, no hice nada prohibido….¡Soy puro, soy puro, soy puro!

 

 

EL MUNDO DE LOS MUERTOS
El destino de cada cual no estaba de modo alguno asegurado. La vida de ultratumba estaba llena de peligros, que por lo general había que superar recurriendo a medios mágicos. El punto de arranque de todas esas ideas era la tumba. El difunto podía continuar existiendo en la tumba y sus alrededores o podía viajar a través del mas allá. Su objetivo era identificarse con los dioses, y en particular con Osiris o incorporarse con algún espíritu transfigurado en el ciclo solar como un miembro más de la "barca de millones" la barca nunca se mostraba en toda su integridad.
Entre la muerte y la incorporación al mundo divino se celebraba un juicio (tema este menos importante para los faraones que para el resto de la humanidad), se representa muy a menudo, en las tumbas, en los papiros, ataúdes y mortajas.

 
Las escenas de juicio muestran a un monstruo femenino, llamado "devorador"o "devorador de los muertos", su función era engullir a quienes fracasaban en la prueba. Las escenas en las paredes de las tumbas eran partes de la provisión o viático para la vida después de la muerte, así lo relata el "Libro de los muertos"que además contenía una serie de normas para alcanzar la vida de ultratumba, en las que se contemplaba la manutención del cuerpo incorrupto. Esta creencia origina la compleja técnica de embalsamar los cadáveres: Momias y la construcción de grandes tumbas para que pudieran seguir viviendo en el más allá. Los enterramientos contenían gran variedad de bienes materiales, incluida en los 1° tiempos grandes cantidades de alimentos, estatuas que podían ser habituadas por el "alma" del difunto y la momia cuidadosamente envuelta, protegida por numerosos amuletos(hasta 400 figuras shawabty) colocada en un ataúd o un nido de ataúdes y que mágicamente era conducida a la vida mediante el rito de "la apertura de la boca".
Muchos de los objetos de las tumbas repetían el motivo del renacimiento en forma simbólica.
El énfasis en las creencias fue cambiando, pero pocas desaparecieron.