La Literatura
A juzgar por los restos
que han llegado hasta nuestros días, la literatura egipcia debió
ser tan rica como variada. Sin embargo, debido a la fragilidad del principal
soporte donde esta se plasmaba, (el papiro), así como por la dificultad
intrínseca de los a un tiempo distintos y complejos modos de escritura
empleados, (lo que debió convertir en un trabajo tan arduo como quizás
insuficiente- mente interesante el traducir a las lenguas de culturas contemporáneas
suyas los textos originales de las gentes naturales del país del Nilo),
los ejemplos literarios que actualmente conservamos no son ni con mucho los
que podríamos disponer de haberse desarrollado la más explícita
de las artes de otra manera, aunque desde luego y por otro lado sean tan relativamente
abundantes, que incluso es posible distinguir entre ellos un buen número
de géneros literarios, algunos de naturaleza oficial, (tales como los
himnos religiosos, los anales históricos o las epopeyas), y otros de
índole mas particular y privado, (como los cuentos, los proverbios
o los poemas amorosos).
Una de las primeras y mas relevantes muestras de lo anterior las tenemos en los escritos de contenido mágico, mítico, cosmogónico o religioso, escritos que se plasmarían en los denominados inicialmente “Textos de las Pirámides”, mas tarde “Textos de los Sarcófagos”, y finalmente en el “Libro de los Muertos”, unos textos que en conjunto plasman tanto descripciones de rituales funerarios o fórmulas para transitar con éxito el largo y tortuoso sendero por el Más Allá, como encantamientos para proteger de los peligros representados por determinadas fuerzas o entes maléficos. Ejemplos adicionales de esta clase serían asimismo “El Libro de las Puertas”, “El Libro de las Cavernas”, o “El Libro de la Duat”, breves ejemplos sin duda, entre los que cabría añadir descripciones mitológicas, (como la lucha entre Set y Horus, o el intento de destruir la humanidad por parte de la diosa Sejmet), o himnos de indudable belleza destinados a elogiar a muchas de las deidades en las que tan profundamente creían.

Fragmento Papiro
D'Obirney
Otros géneros
importantes y destacados son aquellos que tienen un contenido épico
y biográfico, unos géneros en los que si bien se describen hechos
sin lugar a dudas concretos, se puede comprobar de igual modo por su redacción
que la presumible precisión histórica que los caracteriza se
ha dejado claramente de lado en aras de un elogio a todas luces bastante idealizado
de los protagonistas. Muestra de esta clase sería el famoso “Poema
de Pentaur”, (en el que se narra la batalla de Qadesh en la que
Ramsés II se enfrentó a los hititas), así como el extenso
número de biografías existentes de un heterogéneo surtido
de personajes.
Especialmente interesantes y variados son los conocidos como cuentos o novelas de aventuras, en los cuales, en un estilo rico y elegante, se narran sucesos que al contrario de hoy en día, tienen un contenido mas real que inventado. El prototipo mas destacado de estos sería “La Historia de Sinuhé”, la cual debió gozar de una gran fama en su momento (a juzgar por el amplio número de copias encontradas de ella), y entre los que también cabe citar “El Cuento de los Dos Hermanos”, “El Cuento del Náufrago”, “Keops y los Magos”, “El Príncipe Predestinado”, o “El Campesino Elocuente”.

Utensilios de Escritura en Papiro
Un cuarto y relevante
grupo, es el que podría agrupar diferentes géneros cuya funcionalidad
esta encaminada a transmitir conceptos filosóficos, máximas
de grandes conocedores de la naturaleza humana, o enseñanzas de una
variada tipología moral, y que en conjunto suele definirse como literatura
didáctica o sapiencial, unos escritos donde se reflejan desde los preceptos
o consejos mas factibles de ser aplicados en el devenir cotidiano del día
a día, hasta profundas ideas que sin género de dudas, reflejan
lo mejor de la ética universal; unas obras que curiosamente gozaron
de una gran popularidad, siendo no solo consultadas y difundidas durante siglos,
sino empleadas como ejemplos perfectos a la hora de enseñar y aprender
el arte de la escritura. De entre ellas, podemos destacar “Las Máximas
de Ptahotep”, las “Instrucciones de Merikaré”, “Las
Enseñanzas de Amenemope” o “Las Enseñanzas de Ani”,
“Las Lamentaciones de Ipuwer”, “El Diálogo de un
desesperado con su Alma”, o “La Sátira de los Oficios”.
Respecto al terreno de la poesía, (la cual adoptaba una naturaleza fundamentalmente amorosa), si bien no es tan abundante como en los estilos anteriores, sí es des- tacable por cuanto tiene de fuerza, vitalidad y sentimiento, una forma de expresión en la que contraponiéndose a los tan cotidianos pensamientos que parece que se tenían respecto al tema de la muerte y el Más Allá, se incita por todos los medios a los posibles lectores a vivir la vida con auténtica pasión, y a disfrutar de los placeres que esta ofrece sin límites ni cortapisas. Ejemplos de ella serían “El Canto de los Arpistas” o “Los Cantos de Amor”.

Como complemento a lo
precedente, destacar para finalizar la existencia de una forma especial y
curiosa de literatura: era el llamado género epistolar, el cual se
plasmaba en las denominadas “Cartas a los Difuntos”,
unas misivas destinadas a los fallecidos, y en las que se exponían
desde sencillos saludos, hasta la petición de explicaciones por males
que presuntamente el difunto pudiera estar causándoles a los vivos,
pasando por la exposición de problemas legales o peleas domésticas.
Aunque la literatura egipcia se desarrolló en todas las épocas, desde prácticamente las primeras dinastías hasta los difíciles tiempos en que habiendo perdido gran parte de su identidad ancestral, el país fue sucesivamente conquistado por diversos pueblos ajenos a la tierra de la esfinge y las pirámides, hubo sin embargo momentos en los que el ejercicio de este arte fue especialmente fructífero, como el Primer Período Intermedio, una época que si a nivel estatal se caracterizó por un gran número de desórdenes y conflictos sociales internos, curiosamente vio florecer en cambio y de forma espectacular determinados géneros literarios, un hecho que nos demuestra hasta que punto un grupo de personas, aun en las condiciones mas difíciles, es capaz de sobreponerse la medida de lo posible a ellas, y sacar de sí mismo lo mejor de cuanto anida, como virtud imperecedera, en aquello que genéricamente denominamos ser humano.