Los Amuletos
Se denominan amuletos
a todos aquellos objetos que la mentalidad primitiva consideraba "polarizadores
de energías", por lo que su misión fundamental era
tanto la de proteger al que los portaba contra las fuerzas malignas, (funciones
apotropáicas), como la de atraer hacia su entorno o persona las benéficas,
por supuesto de una forma "mágica".
Su número y variedad fueron
muy extensos a lo largo de la historia de Egipto, desde la más remota
antigüedad, (en la que predominaron reproducciones de alguna parte del
cuerpo: ojos, boca, orejas, manos o pies, intentando con ello salvaguardar
la parte reproducida en el caso los seres vivos, o devolver sus funciones
a los sentidos cuando se trataba de los difuntos), hasta la Baja Época,
momento en el que se hacen más habituales que nunca.

Entre los más
habituales podemos citar el escarabeo, (reproducción de un escarabajo
sobre el que solían grabarse determinadas frases y textos, y que simbolizaba
las metamorfosis en el Más Allá), el ojo de Horus, (conocido
como Udjat, y que representaba la capacidad de ver en la noche, la plenitud
física y la fecundidad), o el pilar Dyed, (asociado a Osiris y Sokaris,
y que era una reproducción estilizada de la columna vertebral humana,
aunque también podría simbolizar el Árbol de la Vida).
Así mismo, cabe añadir el nudo de Isis (llamado Tyet), el cetro
Uas, el Anj o Cruz de la Vida, las coronas del Alto y Bajo Egipto, el Ib o
Corazón, el Uadye o papiro, el Jepesh o pata de buey, el Ures o reposacabezas,
el Ajet u horizonte, o las reproducciones en miniatura de una gran cantidad
de deidades, genios, y criaturas del mundo mágico, (como la ya citada
Isis, en su imagen tradicional de amamantar a su hijo Horus; Bes, dios alegre
y bienhechor protector de las parturientas; Bastet, la diosa gata; Anubis,
dios guardián de las necrópolis; la rana, símbolo de
la diosa Heka; el Úreus, o cobra sagrada; la diosa hipopótamo
Taurt; los cuatro Hijos de Horus: Amset, Hapi, Duamutef y Quebsenuf, etc.).
Los amuletos tuvieron un uso muy corriente, tanto por parte de las personas vivas como para protección de las difuntas, pues no en vano se han encontrado gran cantidad de ellos ocultos entre las vendas de las momias, (como ejemplo, citar que tan solo entre los restos de Tutanjamón se encontraron nada menos que 143), y podían estar fabricados con una extensa variedad de materiales, tales como metales: oro, (que simbolizaba la carne de los Dioses), plata, bronce o hierro; piedras preciosas o semipreciosas, así como minerales corrientes: jaspe, turquesa, lapislázuli, cornalina, pórfido, granito, feldespato, serpentina o esteatita; e incluso, con restos de procedencia orgánica, como el hueso. No obstante, el material más habitual (por su bajo coste) era la loza, que se obtenía mezclando cuarzo molido con arena, una mezcla a la que se daba forma a través de moldes realizados con barro cocido, (de los que el célebre egiptólogo inglés Sir W. M. Flinders Petrie encontró miles de ejemplares en Tell el-Amarna), para ser finalmente introducidos en hornos especiales de los que salían con su característica superficie vidriada.

ANJ EGIPCIO
Sobre el empleo de tal variedad de materiales, se piensa que las diversas composiciones y cualidades en la naturaleza de su manufactura no era algo casual, sino que más bien cada una de ellas tenía un significado específico en cada situación concreta en que se usaran, (la turquesa por ejemplo, representaba la alegría celeste otorgada por la diosa Hathor); y otro tanto ocurría con el color, por lo que el realizado con un material blanco facilitaría al parecer la secreción de leche materna en las mujeres que hubieran sido madres recientemente, y el confeccionado con elementos rojos podría proteger quizás contra la embriaguez ocasionada por beber vino en exceso. Por desgracia, en la actualidad todavía se desconoce con claridad y precisión el sentido exacto de la mayoría de estos pormenores.


Como es lógico,
antes de poderse usar cualquier amuleto, lo más posible es que fueran
sometidos a una especie de rito de consagración, unas ceremonias en
las cuales se podía llevar a cabo el sacrificio de algún animal
o efectuar alguna libación, todo ello envuelto en un entorno en el
que se habría quemado previamente abundante incienso.
Respecto a las formas usuales de
portarlos, solían ser heterogéneas, siendo las más habituales
colgarlos del cuello, (merced a un hilo que podía ser tanto de lino
como metálico), atarlos a las muñecas, o engarzarlos en elementos
dispares tales como anillos, collares, pectorales o pulseras, motivo por el
cual en su gran mayoría estaban perforados.

ESCARABAJO